Oveja Negra
Revista Universitaria
Salta, Argentina
Contacto: revistaovejanegra@gmail.com


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jueves, 14 de febrero de 2008

Qué hay para...ver

Revista N°2. Noviembre 2006


The Yes Men. (EE.UU., 2004) Dirección: Dan Olman, Sarah Price, y Chris Smith.
Película documental que registra la jugada de una pareja de activistas anticorporativos que se hacen pasar por voceros de la Organización Mundial del Comercio (World Trade Organization). Andy y Mike (la dupla en cuestión) difunden -por TV, Internet y conferencias de negocios-, los manejos desleales e inescrupulosos del libre mercado global. Su estrategia consiste en fingir ser hombres de negocios ante un auditorio que desconoce la sátira montada, y que no puede creer la impunidad con la que estos negociantes se promueven. Los llamados “Yes Men”, tal como dan a conocer en su página web, usurpan la personalidad de “poderosos criminales” de forma mediática, “con el fin de corregir identidades”. E inclusive convocan a interesados en el tema en su página http://www.theyesmen.org/
Asunción de Evo Morales en Tiahuanaku (Salta, 2006). Registro de imagen, sonido y edición digital: Facundo Larraux y Tatiana Larraux.
Video documental que registra este hecho histórico en el escenario de La Paz, Bolivia, frente a una multitud de diversas etnias indígenas congregadas. “Estamos en tiempo de triunfos, estamos en tiempo de cambios y por eso reclamo nuevamente, queremos unidad”, son las palabras de Evo que hace diez meses exhortaban a asumir el cambio histórico que implicó pasar de la resistencia de los pueblos indígenas a la toma del poder, en un contexto de pedido de asamblea constituyente, de pelea por los hidrocarburos y de crisis socio-política ante el pedido santacruceño de autonomía. El documental posibilita revivir su discurso en Tiahuanaku para confrontarlo con la situación de Bolivia hoy. Este material está disponible para copiar en la Radio de la UNSa.

Noam Chomsky: Ciencia y periodismo, los límites de la ética

Revista N°2. Noviembre 2006


Por: Pamela Rivera


Historiar el presente, ejercer el periodismo, es para Noam Chomsky una urgencia. Simultáneamente, su nombre es clave para quienes, los últimos años, han pensado las relaciones entre pensamiento y lenguaje. Particular forma de llegar a dos públicos que, curiosamente, en Estados Unidos y Latinoamérica prefieren pensarse como distanciados, y hasta opuestos: los “intelectuales” y “la gente”.
En marzo de 1986, Noam Chomsky visitaba Managua para dar conferencias en la Universidad Centroamericana. Allí, el lingüista estadounidense dialogó con universitarios y ciudadanos. Por la mañana, el tema fueron los problemas del lenguaje y del conocimiento, por la tarde, la política internacional estadounidense. Ambas líneas preocupan desde hace más de cuarenta años a este lingüista y periodista y le han valido reconocimientos y críticas por igual.
Como lingüista, Chomsky se opuso, en esa oportunidad, a las teorías ambientalistas (conductistas) aún vigentes en su país para explicar la relación entre pensamiento y lenguaje. Acercándose al empirismo, afirmó que todos los hombres tienen la misma capacidad desde que nacen para adquirir cualquier lengua. Por ello era posible hablar de principios estructurales generales para todas las lenguas.
“Hay una estrecha relación entre compromisos ideológicos y creencias científicas”, decía en esos días el activista/lingüista intentando explicar la pervivencia de las ideas ambientalistas entre los intelectuales de su país. “A la gente que se dedica a controlar y manipular le es muy útil creer que los seres humanos no tienen naturaleza moral e intelectual intrínseca, que son simplemente objetos –abocados a que los moldeen los administradores y los ideólogos estatales o privados...”
El hecho es que la Gramática Generativa (y sus sucesivas reformulaciones) significó una línea de pensamiento muy fuerte dentro de los estudios lingüísticos y sociales.
“¿Cómo conviven sus tareas de lingüista y de activista político?” Le preguntó, hace dos años, otro periodista al periodista/lingüista Noam Chomsky. “Si el mundo simplemente desapareciera estaría contentísimo de trabajar sólo sobre problemas que son desafíos intelectuales… Pero el mundo no desaparece y los temas políticos son mucho más urgentes. De ello depende la supervivencia humana.”
Urgido por la realidad (o des/realidad que el gobierno de su país quería imponer), el ciudadano/crítico estadounidense denunciaba abiertamente en aquellas tardes de 1985, en la capital de Nicaragua, el accionar terrorista de su gobierno sobre ese país. Casi veinte años después, resumiría esos años de la historia en una charla en el Montefiori Medial Center, en Nueva York.
En esa ocasión, Chomsky evoca aquellos días en que la Administración Reagan anunciaba que la política exterior de Estados Unidos se focalizaría en la guerra contra el terrorismo. Con el cuidado de no detenerse mucho en la definición de la palabra “terrorismo” (alguien podía descubrir que los terroristas eran ellos), dicho gobierno se centró en los puntos que ellos, los “supermanes” de la historia, señalaron como más peligrosos.
Chomsky decía en esa charla: “A un país, Nicaragua. (Estados Unidos) no tuvo más remedio que atacarlo porque allí no contaba con un ejército que practicara el terrorismo como ocurría en otros países.” El gran país del norte metió su codiciosa cuchara. Podemos imaginar cómo siguió, y sigue, la historia.
El accionar del gobierno estadounidense, antes y ahora, se apoya (por suerte, cada vez menos) en la conciencia colectiva que ellos mismos se encargan de alimentar. El lingüista/periodista/activista escribe, dice y desenmascara: “En todo caso, hasta donde yo sé, se trata de una especie de principio universal. Lo hacemos nosotros: es contraterrorismo, guerra justa. Lo hacen ellos: es terrorismo. La magnitud no importa. Nada importa.” Desde nuestro lado del mundo también nos preguntamos: ¿Quién es el terrorista?
El mundo “no desaparece”, y no quiere desaparecer. Noam Chomsky lo sabe y, como periodista comprometido con los otros y no con el poder, le urge darlo a conocer.

Oveja Negra y el desafío de la escritura

Revista N°2. Noviembre 2006

Por: Oveja Negra
Imagen: Diego "El cubano" Arroyo

El tema de este segundo número nos lleva a, como revista que pretende incluirse en la práctica periodística actual, referirnos a nosotros mismos. A esta “Oveja negra” que ya se perfiló a sí misma en nuestra primera “Editorial”.
En aquella ocasión, dijimos que somos principalmente estudiantes de la Carrera de Letras y también quisimos insinuar que no es nuestra intención continuar definiéndonos de manera tan acotada.
Lo que sigue es una reflexión en torno a las relaciones entre la Carrera de Letras, otras carreras de la Universidad y nuestra manera de entender la práctica periodística hoy.
En primer lugar, para quienes hacemos la revista “Oveja negra” opinar es una práctica y un ejercicio. Es una práctica porque es una acción transformadora en el sentido en que el acto de emitir una opinión tiene que ver con un conocimiento previamente trabajado y, a la vez, con un conocimiento que se produce en el acto de opinar. Por ejemplo, para pensar las relaciones entre nuestra carrera de Letras y las prácticas periodísticas actuales pondremos en juego la información que manejamos de cada una de esas áreas para dar lugar luego a una manera propia de mirar cada una de ellas.
Por todo esto, creemos que opinar es un ejercicio, porque implica un adiestramiento que sólo se obtiene después de escucharse (o leerse) y escuchar o los otros (o leerlos con atención). En nuestra carrera, mejoramos nuestra expresión escrita, por ejemplo, sólo mediante la relectura de nuestros propios textos y el estudio de las formas discursivas de otros.
El hecho de haber adquirido una cierta facilidad para expresarse verbalmente a lo largo de la Carrera es una herramienta de la que “Oveja negra” se vale para ejercer la opinión pública.
Decimos “opinión pública” porque ése es otro objetivo que queremos alcanzar con la publicación de nuestra revista.
Somos concientes de que cualquiera puede opinar, pero hacerlo públicamente implica, en primer lugar, un compromiso con las palabras propias. Por eso, desde “Oveja negra” no queremos decir lo que pensamos y nada más, a modo de confesión o de desahogo, sino tomar posición frente a un tema en particular y buscar el diálogo con otras posturas.
Por ejemplo, en nuestro primer número, que tiene como centro “El poder”, asumimos nuestra postura con respecto al tema, pero, como si se tratara de un calidoscopio, sumamos a esa mirada otras perspectivas. La idea era también “decir”, implícitamente, que no se trata de un tema sin matices ni aristas. Al contrario, sumar complejidad, provocar comentarios.
Manifestar que queremos opinar públicamente también tiene que ver con una preocupación: muchas veces nuestra opinión no abandona el ámbito privado, mucho más cuando nos acostumbramos a que para decir lo que pensamos, tenemos que esperar que nos pregunten.
Nadie nos preguntó qué pensamos sobre el aborto, pero nosotros dijimos que el tema estaba relacionado con “el poder”. Los “poderosos” casi nunca preguntan. “Oveja negra” no pidió permiso para participar en el debate.
Si hasta acá dijimos que nos interesa opinar públicamente y porqué, hay que agregar que ese “decir públicamente” quiere referirse a temáticas que nos interesan a todos como sociedad.
Nadie niega que para opinar sobre un tema primero hay que tener conocimiento sobre él. Por eso, desde nuestra revista queremos proponer temas abiertos y de dimensión social, problemáticas que están abiertas a la discusión común. Pretendemos que, sin importar que se trate de universitarios o no, “gente leída” o no, nadie deje de sentirse involucrado.
Por todo esto, puede decirse que la elección de las temáticas de nuestra revista responde a un intento por repensar las distancias (que a muchos les gusta cultivar vaya a saber por qué) entre las personas que trabajamos en la universidad y las que trabajan en otros ámbitos de nuestra sociedad, entre los profesores y los estudiantes, los “más grandes” y los “más chicos”.
He aquí que no queremos tomar una aptitud de “culturosos” ni tampoco decir que “nos van a leer todos”. “Todos” es una palabra muy grande. Además, tenemos en cuenta que, como todo lo producido en la universidad, la posibilidad de llegada de “Oveja negra” es reducida. Rebasar realmente los límites de la universidad tal vez forma parte de otro proyecto. De alguna manera, nuestra revista prepara el terreno para ello. Lo que nos interesa ahora es comunicarnos con la gente de nuestro ámbito. Esa ya es una tarea significativa.En este punto de nuestra exposición sobre la existencia de “Oveja negra” en la Carrera de Letras (y en la Facultad de Humanidades) conviene señalar una cuestión muy importante. Esto es, que ya podemos ver cómo el interés por manifestarse políticamente (en el sentido que hemos delineado) nos lleva a los estudiantes de Letras a pensar con más detenimiento problemáticas sociales que incluyen la reflexión

Entrevista: “Es muy importante seguir defendiendo el periodismo como oficio”


Revista N°2. Noviembre 2006


Entrevista a Raúl Martín Vargas, periodista de la radio de la UNSa

“Es muy importante seguir defendiendo el periodismo como oficio”

Por: Roberto Acebo
Imagen: http://www.graciasdenada.com.ar/

.- ¿Qué opinión tenés, Raúl, acerca del periodismo en Salta?
- Para hablar del periodismo en Salta, tenemos que decir primero que el periodismo está relacionado con la libertad de expresión, y ésta con la libertad de empresas. La empresa tiene como objetivo el generar ganancias. Hay una libertad de empresa muy amplia dentro del sistema capitalista, obviamente.
Sin embargo, cuando nos referimos a la libertad de expresión, ésta queda totalmente coartada por la necesidad de ganar dinero. Tenés libertad de expresión hasta donde podés ganar dinero. Si vos hacés algún material que en definitiva no sirve para ganar dinero, eso ya te coarta.
A partir de ahí, el periodismo en Salta está relacionado con las empresas, las empresas están relacionadas con un mercado muy pequeño cautivo de los sectores que manejan el poder. Éstos últimos son, generalmente, los que se alternan en los distintos poderes del Estado (Ejecutivo, Judicial, Legislativo).
Por todo esto, las pequeñas empresas que existen en Salta no tienen capacidad como para generar una libertad de expresión amplia. No hay, no puede haber, mucha oferta de periodismo. La libertad de empresa secciona gran parte de esa posibilidad que tendría un periodista de ejercer, de traer la información, de trabajarla y de llevarla a cualquier medio para que ésta se conozca.
- Entonces la pregunta que me quedaría por hacerte, Raúl, es ¿cómo se informa la gente en Salta?
- Existen muy pocas fuentes de información que son tratadas como tales. Y esas son las fuentes del gobierno, o las fuentes del poder. Si yo busco una información que puede molestar al gobierno, tengo la posibilidad de perder la publicidad que sirve para pagar sueldos, que sirve para que mi empresa funcione. Entonces, el periodismo en Salta funciona en forma muy limitada porque tiene una sola fuente, una sola mirada, la mirada del poder.
- En este contexto, Raúl, ¿qué significa una carrera de Comunicaciones Sociales en la universidad pública, aquí en Salta?
- Significa una posición ideológica distinta a la que tenía Salta como –tomando un término economicista- oferta académica.
- ¿Cuáles son esas dos posiciones?
- Se puede decir que en la UNSa. no hay una posición definida de izquierda o derecha... por así decirlo. Sí, en la Universidad Católica. Obviamente, allí la posición es de centro derecha y derecha.
En la universidad pública, tenemos desde centro izquierda, progresistas –si se quiere- con un material de análisis que tiene que ver con el materialismo histórico, con líneas del marxismo, sin profundizar mucho con este tipo de orientación, hasta otras líneas. Más bien, podríamos decir que la perspectiva es progresista, de centro izquierda, muy a tono con la actualidad política argentina.
- Y eso, ¿en qué beneficia o perjudica a un medio de prensa en Salta?
- Bueno, ayuda mucho. Ayuda a tener una visión más crítica de las realidades. Sin embargo, vuelvo a insistir, todo esto está limitado a las ofertas que tiene el mercado de los medios.
Ahora bien, hay que tener muy en cuenta que aquí no se estudia periodismo, que el periodismo no se estudia. El periodismo es un oficio, antes que nada. Y eso está expresado en la ley del periodismo: “Periodista es –dice- aquel que ejerce durante dos años seguidos y pagados, esos dos años. Ya sea, en relación de dependencia o relación de cualquier tipo de contrato con algún medio...” Eso lo habilita a ejercer como periodista. Es decir, a mí no me habilita como periodista título, lo único que me habilita es mantenerme en el tiempo ejerciendo ese oficio.
Y esto es muy importante, porque Argentina es uno de los pocos países que todavía defiende ese criterio. Y eso gracias a una escuela muy fuerte que viene de Rodolfo Walsh, de periodistas que se han puesto muy firmes en la defensa de la libertad de expresión. Porque si empezamos a colegiar a los periodistas, directamente, vamos, en el futuro, a tener una elite, aquella que pueda acceder a una educación universitaria y además aquellos que llegan a tener el título van ser aquellos que tengan posibilidades familiares de redes, de vínculos para acceder, justamente, a los medios. Y vamos a tener una posición muy homogénea en cuanto al pensamiento y a la libertad de expresión. Porque, supuestamente, en el periodismo, la idea es darle mayor diversidad a las posiciones políticas y demás. Por eso es que es muy importante seguir defendiendo el periodismo como oficio.
- Atendiendo a lo que venís diciendo Raúl, ¿qué significado tiene para vos el hecho de que la universidad pública “academice” el oficio de periodista?
- Hace un par de semanas, salió publicada en la XXIII una nota que le hacen a Jorge Lanata, uno de los periodistas más “creíbles” de la Argentina. Y él decía que es una mierda lo que enseñan las academias de periodismo, de comunicación. Que, actualmente, los periodistas jóvenes que se reciben ahí tienen un déficit de lectura, un déficit de especialización... Entonces, dice Lanata, que aconseja a todo aquel que quiera hacer periodismo que abandone ya cualquier carrera de comunicaciones y que se dedique a cualquier otra carrera: literatura, historia, economía. Que él prefiere periodistas especializados. A partir de allí, lo único que se le ocurre ahora, cuando le piden un consejo para un chico que quiere estudiar periodismo, es que empiece a leer mucho, para tener una visión distinta de lo que es el periodismo en sí, como oficio.
Pero, volviendo al tema, la universidad te obliga a escribir y eso es bueno. Eso es muy bueno, te obliga a tener disciplina en cuanto a ese tipo de cosas. Digamos que es positivo hasta cierto punto. Eso es lo bueno y lo que hay que rescatar, pero lo que no hay que esperar es que salgan periodistas de ahí. Pueden salir comunicadores, gente especializada, que ha aprendido mucho. Pero el periodista se va a hacer, justamente, primero, en la vocación de querer llevar adelante todo este tipo de compromiso.
Yo lo tomo a Walsh como el hombre que de la literatura pasó al periodismo. Él dice que logra hacerse de ese oficio gracias al compromiso que adquiere ideológicamente. Es decir, si yo tengo algo para decir, entonces, yo ejerzo el periodismo. Quiero decir algo, quiero denunciar, quiero contar algo, quiero expresarlo. Tengo esa necesidad de hacerlo.
- Desde la perspectiva que estás desarrollando, Raúl, ¿cuál es el margen que le queda al periodista para ejercer su oficio?
- Es la negociación constante. Es un hecho que el periodista es un trabajador, antes que nada. Que vive de esa actividad. Debe sobrevivir cotidianamente, saber negociar hasta dónde alcanza, hasta dónde llega, cuáles son, digamos, sus límites.
En esa negociación, el periodista sabe también que puede lograr decir, que, en algunas grietas, se pueden filtrar posiciones distintas. Y esa es justamente la capacidad del periodista, que puede decir cosas que el poder no capta, o no tiene la capacidad de entender, sabiendo que mucha gente -que es demás humilde- puede hacerlo. Y puede decir muchas cosas y cuando empieza a decir cosas, empieza a concientizar sobre posiciones de lo que está sucediendo en la realidad. A partir de ahí, digamos, esa negociación le permite lograr objetivos, le permite lograr satisfacciones como periodista. Por eso, ese es un margen muy pequeño, pero muy importante, tremendamente importante. Fundamentalmente desde el periodismo del compromiso. Porque aquí hay que diferenciar qué es un periodista y qué es un publicista. Por ejemplo, en Salta hay muchos publicistas, gente que trabaja publicitando la acción de un gobierno o la acción de un medio, de un empresario, o de alguna persona pública, política o lo que sea. Entonces, ahí está la diferencia. El periodista, no. El periodista busca constantemente tirar información, elaborarla, buscar que esa noticia llegue, golpee, impacte de alguna manera, aunque sea mínima, y en el marco de esa negociación, termine finalmente, digamos, retroalimentando, en esas grietas que se generan, posiciones de reacción de la gente. Y eso es posible.
No necesariamente la gente se acomodaba a los medios, o sea, también hay que ver que la gente tiene posibilidades de tomar posiciones alternativas. Que la gente es... o las masas son cautivas de los medios, eso no es cierto. O que los medios forman opinión pública. Todo tiene un límite y ese límite es la negociación. Todos negociamos para sobrevivir y buscar algo mejor.

“La Zona”: entre literatura y periodismo

Revista N°2. Noviembre 2006

Por: Daniela Casavilla
Imagen: Caricatura de Rodolfo Walsh. http://www.pparg.org/

La relación entre literatura y periodismo data prácticamente desde el surgimiento de este último y, lejos de debilitarse, promete continuar indefinidamente. Es una relación bilateral: Están los periodistas que se largan a escribir libros tanto de narrativa como de poesía o ensayo; y están los literatos que se animan a publicar en la prensa artículos de opinión, crónicas, columnas, entrevistas, etc. También están los que se le atrevieron a otros medios, como la radio (Alejandro Dolina) y la televisión (Martín Caparrós).
Los resultados más interesantes, sin embargo, nacieron en una zona intermedia, con límites débiles y confusos (en adelante “La Zona”). Así surgió, por ejemplo, el género “literatura de no ficción”, con el que sorprendió Truman Capote (In cold blood), y que por estos pagos cultivó Rodolfo Walsh (Operación Masacre). Ni literatos haciendo periodismo, ni periodistas incursionando en literatura: Es las dos cosas y a la vez ninguna.
José Martí, Domingo Faustino Sarmiento, Roberto Arlt, Eduardo Galeano, María Elena Walsh, Elena Poniatowska, Gabriel García Márquez, Juan Gelman y, por supuesto, Rodolfo Walsh son sólo algunos de los que en América Latina se animaron a jugar en La Zona, usando como materia prima tanto los acontecimientos de la realidad más próxima como la alquimia del lenguaje.
Esta fluida relación entre prensa y literatura no debe extrañarnos, ya que tanto una como la otra constituyen oficios en los que se construye un mundo a partir del lenguaje. Ya sabemos que el periodismo no nos “muestra” la realidad, sino que elabora una versión de ella, con la que podemos o no estar de acuerdo. La literatura, por su parte, suele ayudarnos a comprender la realidad. ¿Qué es, entonces, lo que diferencia a una de la otra? La trascendencia.
Con esto quiero decir que el periodismo está al servicio del aquí y el ahora. Lo importante es dar cuenta de un momento histórico muy pequeño, que después pasará al olvido, siendo reemplazado por otro pequeño momento. La literatura, por el contrario, busca trascender el momento histórico, de manera que sigue siendo significativa más allá del espacio y el momento de producción.
Es por ello que los textos que resultan de La Zona tienen la doble cualidad de reflexionar sobre el presente y a la vez trascenderlo. ¿No es eso lo que hizo Arlt con sus “aguafuertes”? ¿Y Quino con “Mafalda”?
La Zona, a su vez, exige compromiso. Los periodistas pueden (y suelen) cambiar su discurso, ajustarlo al poder de turno, olvidarse o pretender que el público olvide lo que dijeron ayer. La literatura no tiene necesariamente que estar comprometida con nada. Pero en La Zona se trata con el presente, lo cual demanda una postura concreta ante esta realidad. A la vez, trasciende el presente, por lo que debe seguir una cierta línea, ya que no puede “borrar con el codo lo que escribió con la mano”
Finalmente, un pequeño ejemplo: Juan Gelman fue cronista para Página/12 del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas en 1994. El 23 de enero de ese año escribió:
“A veces me gustaría ser fotógrafo. Hoy, por ejemplo. El indito en poncho blanco se apoya cruzado de brazos contra la pared. Tendrá 10 años, quién sabe; el hambre acumula tiempo en el rostro y la desnutrición acorta la estatura. Contra el muro, mira al soldado que, ametralladora en mano, vigila la puerta del banco de enfrente. Pasan los automóviles. El niño inmóvil mira fijo lo que mira. Sus ojos negrísimos están cargados de mudo desafío. Esa mirada es mucho más vieja que él.”